poemas por ayotzinapa

Ayotzinapa

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras

Los muertos tienen manos

Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó

Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes

Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía

El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país

Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos

Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto

Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer

Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río

Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa

Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos

Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido

David Huerta

 

Justicia

La piel desgarrada, el corazón roto
Sueños  cortados por ambiciones ajenas
Voces de esperanza calladas con armas largas
Dueles, duele… llora  (casi ) el país completo.

¿Dónde estás? me pregunto
La cuestión parece  no tener respuesta
Hace medio siglo venimos preguntando lo mismo
¿Dónde estás?

Dijiste que estarías en el aire
Pero ahora huele a pólvora
Dijiste que estarías en la tierra
Pero la han mancillado
Dijiste que estarías en el agua
Pero  la han convertido en ríos de  sangre

¿Dónde estás?

Seguiremos buscando tu rostro
Entre todos los campesinos
Entre todos los estudiantes
Entre los corazones de fuego
De las mujeres y los hombres que sostienen este país
Entre todos los que no callan su voz
Entre los que aún miran esperanzados el futuro
Seguro que te encontraremos
Porque estoy segura que algún día
Nosotros, los  Otros, venceremos

Autor: Elena Ceballos Hernández

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Los H.P. (¿Hijos Prodigios?)

Los soldados Norteamericanos
mataron Japoneses
Coreanos
Vietnamitas…
Los soldados Gringos
hoy matan
Afganos
Irakies
Pakistanies…
Soldados Mexicanos
Asesinan jóvenes
Chihuahuenses
Chiapanecos
Guerrerenses
Mexicanos…
Así retorna
el hogar al tigre
a la cristiana cultura
a la occidental civilización
Así hermana
el hambre a los tigres
sin patria
en la cultura de la muerte

Versión de Nazario Soto al poema de Roque Dalton

 

 

La sangre de los sueños fertilizará la rabia

Cae la noche
De rodillas:
Ultimada, desollada, silenciada
Frente a la brillante luna del poder:
fría, pálida, impune, ¡puta!

Inundando de oscuridad a los vencidos
Tapiando con miedo a los de abajo;
En fosas que sepultan la verdad
-¡a nadie le importa la verdad!

¿Sería la justificación que los verdugos
blandían cuando tiraban a la hoguera:
el amor, la rebeldía, la esperanza?

Como libros prohibidos de la inquisición
¿A quién le importa la verdad?
Cuando parece que la mentira colonizó las almas
Cuando la mentira es más rentable, más pacifica,
Más cómoda, más moderna.

Los tiraron en un fosa, pero no se dieron cuenta
que también los estaban sembrando;
En nuestras memorias, en nuestra lucha, en nuestros espejos
La miseria, la injusticia, el desprecio

Es buena tierra para que florezca la rabia
Para que germine la consternación, y la lucha
¡También crecen las malas hierbas:¡
El desconsuelo y la desolación;
Y el llanto las riega y la impotencia las fertiliza

Se ahogan en lagrimas los porqués
Obscenamente se van desnudando los quién
Sabemos que no fueron hombres los que los mataron,
Los que los desaparecieron, lo que los raptaron
Fueron engendros: fue la avaricia que anida en el poder
Fue la injusticia quien apretó el gatillo,
fue la impunidad que los enterró hondo, tan hondo
fue el egoísmo, y también el silencio que hemos arrastrado
y el miedo que llevamos como bestias de carga.

Sabemos que no mataron a personas, ¡aunque eran personas!
Y tenían familias, que hoy los busca hasta por debajo de las piedras
Que hoy mueren de desesperación, escarbando el silencio
Sabemos que mataron ideales, sueños, esperanzas
los balazos en la nuca los recibió la dignidad, la resistencia, el cariño
Aunque eran nucas de verdad, con historias y memoria, con sangre
Con amores y desamores.

Ellos le quitaron los ojos, la cara: lo desollaron,
pero en realidad querían dejar sin rostro
la cara de la resistencia, dejar sin ojos la disidencia;
dejarnos sin boca, porque les molestan
>>¡ los Basta, los aquí estamos, los no nos pasarán,
los no les tenemos miedo, los no creemos en su
manicomio que llaman mundo;
En su libertad, en su democracia¡

¿Por qué tanto odio, por qué tanta saña?
los motivos se espantan de la realidad
Tal vez, porque no eran borregos manipulables
Y el poder aborrece la libertad
O porque no estaban macerado en la
competición, en el egoísmo, en la avaricia
Y al poder le enferma la solidaridad, la alegría
O porque no idolatraban el dinero como un dios;
el único. Y si no sirves al dios dinero: o eres un estorbo
O un imprescindible.

Es probable que porque no creían en las leyes de la depredación
Tal vez porque no tenían miedo al fracaso, y creían
En la victoria, en la esperanza, en la utopía.

Y el poder odia a muerte
que todavía soñemos.

 

Autor: Luis Fernando Gálvez

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Muerte, mira

Qué mal que no respiran.
Que seca el viento sus salivas
Sino es que más bien les quedó líquida el alma altiva.

Muerte, mira
Los cadáveres bocarriba.
Esto fue más allá de la herida:
Muriéronse los sueños y esperanzas de vida.

Muerte, mira
La sangre bien esparcida
Entre espacios de destrozo y destruida
Memoria estudiantil simbólica y octubrina.

Muerte, mira
La estrategia fallida
Del Estado que no tiene medida,
Y no diferencia estudiantes de malhecheria.

Muerte, mira
Cuánta más injusticia
Falta para que llegue la alegría,
Que dejó de pasar por México, ¿qué día?

Muerte, mira
Otra nueva cifra
Que arroja esta porquería
Que hay gracias a la estúpida e infame tiranía.

Muerte, mira
De las formas de la polimetría
El nivel de grandeza y osadía
Que lleva en el corazón la tranquilidad merecida.

Muerte, mira
De ti la mentira…
¡Porque no incierto sería
Morirte, mas no con cruel deshollería!

(Por lo menos el rostro
Para despedirlos y besarlos
No en los huesos de dolor y crimen.
Por lo menos el rostro sin castigo,
Las caras hermosas, les hubieras dejado.)

Autor: Marco Antonio Velázquez Mora

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Ayotzinapa somos

Se ha hecho tarde
alzo la mirada y te busco,
verte llegar por la esquina
quiero
verte llegar por la esquina.
Nada se mueve,
ninguna sombra cambia,
ninguna luz te ilumina,
no vienes aún, no vienes,
tu imagen no llega
puerta, ventana o esquina.
Y tomo aire, nada,
te pienso, nada,
te llamo, nada,
te nombro, nadie.

¿Qué dijiste antes de irte?
¿qué lenguaje había en tu rostro?
¿qué ropa traías, que colores?
¿te fuiste sin verme? ¿te despediste?
De las once, dan las tres, luego la madrugada,
de la mañana, a la tarde, al otro día
nada
ha pasó una semana.

Ya no escucho, ni duermo,
sólo sé mirar la esquina
vacía de ti
de tus pasos, vacía,
de tu cuerpo, tu risa.

No escucho tu risa,
pero esta aquí grabada
libre como tú y yo,
hace unos días.

Ahora no,
ahora me encarcelan
la memoria
la angustia
las lágrimas
y estos ojos
en la esquina.

No me moveré
quiero esperarte
te espero
porque tienes que venir
a casa tienes que llegar,
llegar
como llegas siempre.
Y  la pregunta mayor
que grito y me grita
que en mis entrañas se anuda,
las manos me muerde,
me rompe las uñas…
¿dónde estás?
¿dónde estás?
¿dónde estás?
¿dónde?

Ahora la rabia,
el coraje de tu ausencia
porque no es la única,
son más, son más,
cuarenta y seis ausencias,
cuarenta y seis historias,
cuarenta y seis esperas.

Nada nos callará,
nadie nos callará,
¡vivo te quiero de vuelta!
¡vivos los quiero de vuelta!
¡vivos los queremos de vuelta!
¡Vivos, vivos, vivos!

No aceptaremos un muerto más,
ni una injusticia más,
ni un desaparecido más,
Ahora soy tú
en ningún sitio me encuentro,
ahora eres todos los sitios
y todos los sitios son tú,
Ayotzinapa eres, soy, somos,
Ayotzinapa todo, todos,
tú, yo, nosotros.

Autor: Mayra Silva

 

 

 

 

 


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