poemas de fernando linero

La casa sin ti
Sin tu presencia la casa apenas vive.
Y en ese modo de ser agua y noche
sin embargo se mueve con su parafernalia
de frascos, agua caliente, libros prestados;
con ese estilo que tienen los amigos
al tocar la puerta.

Si no estás en la casa – rey o zángano –
no se cómo amarrarme los zapatos.
Incapaz de un dos más dos,
en el balance diario sólo relaciono
ceniceros sucios, maticas tristes
y esa sensación de polvo cayendo sobre el corazón.

Sin tu presencia la casa apenas vive.
Y en ese modo de ser fuego y aire
sin embargo se mueve en un marco
donde soy el comandante
– yo que he odiado ser jefe de algo o de alguien –
de una turbamulta de objetos lamentables.

Sin tu presencia la casa apenas vive.
El mar
I
El mar es todas las cosas:
las mujeres riendo
entre las flores amarillas de los trupillos;
o lanzando voces a los niños.

II
Las olas arremeten en tumulto contra el malecón.
Un niño camina a lo largo de la arena mojada,
observa el perfil agreste de la costa.
Su mente compite con el viento,
ondula contra la línea del horizonte.

III
El mediodía se abre sobre la ciudad
ardiente como el latigazo de la medusa.

IV
Un barco abandonado en la bahía.
En su interior ese olor de cosa oscura
que hace pensar en la muerte.
Ese ávido olor arrojándose insolente
sobre los ojos, la boca, la nariz…

V
Al atardecer las hicoteas
se deslizan en la tibieza de la rada
y oleadas de cangrejos
con sus crujientes armaduras
suben a los árboles.

VI
El mar somos nosotros con sus islas verdes y grises,
con sus inalcanzables puertos.
Acaso por eso, a veces, ese crujido seco de vela en la tormenta,
ese estremecimiento de pez rápido y sinuoso que se aleja.
El mar somos nosotros con sus áridos vientos y sus furiosos naufragios.
También en el fondo de nosotros
se pudren negras ramas como en las ensenadas.

Desde la ventana
Todo el día el sol revoloteó
en los cabellos grasos de los albañiles.
Ahora en los andamios las sombras juguetean
el firmamento resuena
con el cantar de las constelaciones.
Como un general derrotado que a travésde la noche
reúne las huestes dispersas
desde la ventana observo la lumbre de las barcas
veo el fondo de una vida que parece arder en vano.

APUNTES PARA UNA AUTOBIOGRAFÍA
Nací en Santa Marta el 4 de Octubre de 1957.
Tengo mujer, dos hijos que veo crecer y un perro.
No estoy atado a nada en particular.
De los 510.101.000. kilómetros cuadrados
que tiene la tierra de extensión
ni un sólo metro es mío.
Mi única preocupación
es acaso la de amar verdaderamente.
Acaso la de arder con aquello que amo.
Creo en el diálogo con la luz,
el diálogo con la tierra,
para exaltación de los sentidos.
Desde los 15 años escribo poesía.
Creo que ella cura de cierto desencanto
de cierta melancolía,
permite así sea fugazmente
recuperar cosas perdidas.
Ayuda a comprender en algo
el sentido de lo humano.
Me gustan el mar, los libros,
la marihuana, las bebidas fuertes.
Me gusta recordar a los amigos.
Me gustan la música, la noche, los caminos.
He cruzado los dedos y respirado hondo.
He compartido con el ocaso
la gloria de no ser nada.
A mis años, en esta lucha por llegar yo no sé adonde,
nunca he sentido envidia de nadie.
Solo el aire sabe del final de la ruta.
En lo profundo de mí guardo la esperanza
de que la muerte no sea más que un espejismo.

A LA VIDA SE ENTRA SOLO
“La palma que está en el patio
nació sola, creció sola”
NICOLAS GUILLEN

A la vida se entra solo.
Algunos con una camisa.
Otros con un racimo pero solos.
Bostezando o preñado de luz
cada cual con su tristeza.
Se entra sin saber qué se quiere,
qué se busca,
qué piezas encajan en el juego:
acaso los destellos del infortunio.
O el recuerdo de una ciudad triste.
O la imagen de una madre
que espanta el calor y las moscas
del sueño de su hijo.
Breves de memoria y de olvido
como los niños que ahora repintan la rayuela.
Como el padre dormido.
Como el amigo que no volveremos a ver.
Cada cual con su tristeza.
Se entra y es ya un lugar del sueño.
Algunos con el corazón atiborrado de palabras.
Otros portando una copa amarga.
Algunos en el mes de los ahogados.
Otros cuando las primicias del ciruelo.
Cada cual con su propia confusión.
Todos con la misma soledad.

Para Augusto Cesar Sandino

VIENTOS
Variados son los vientos
que liman la corteza de la vida
F.L.
Todos los vientos del Caribe pasaron ante mi ventana:
los que silbaron como una sierra sobre los tamarindos;
los que entrando de soslayo por las claraboyas
ayudaron a madurar los senos de las adolescentes;
los aulladores;
los que rudos se dejaron caer sobre la infancia en las noches de miedo
acompañando la casa con su voz de bronce, gimiendo a su lado.
Vientos como una exhalación de lo perdido.
Vientos diligentes:
los que yendo y viniendo cruzaron la tarde
con los inmensos merengues para la fiesta de los días
cuando la lluvia se dormía detrás de las colinas.
Vientos que en la mañana fueron caricia sobre la frente;
que nada me dijeron sobre la dirección en que debía disponer las velas.
Aún refrescan al corazón abierto sobre la tierra.
Todos los vientos del Caribe pasaron ante mi ventana.

EL MAR
I
El mar es todas las cosas:
las mujeres riendo
entre las flores amarillas de los trupillos;
o lanzando voces a los niños.
II
Las olas arremeten en tumulto contra el malecón.
Un niño camina a lo largo de la arena mojada,
observa el perfil agreste de la costa.
Su mente compite con el viento,
ondula contra la línea del horizonte.
III
El mediodía se abre sobre la ciudad
ardiente como el latigazo de la medusa.
IV
Un barco abandonado en la bahía.
En su interior ese olor de cosa oscura
que hace pensar en la muerte.
Ese ávido olor arrojándose insolente
sobre los ojos, la boca, la nariz…
V
Al atardecer las hicoteas
se deslizan en la tibieza de la rada
y oleadas de cangrejos
con sus crujientes armaduras
suben a los árboles.
VI
El mar somos nosotros con sus islas verdes y grises,
con sus inalcanzables puertos.
Acaso por eso, a veces, ese crujido seco de vela en la tormenta,
ese estremecimiento de pez rápido y sinuoso que se aleja.
El mar somos nosotros con sus áridos vientos y sus furiosos naufragios.
También en el fondo de nosotros
se pudren negras ramas como en las ensenadas.

COMIENDO PERDICES
El matrimonio funciona extrañamente. Después de treinta años seguimos juntos. Y es enero otra vez. Treinta años saliéndonos de quicio, intercambiando impertinencias, rumiando menudos desencantos, comiendo perdices.
Todo transcurre rápido: la luna que hoy nos cae de improviso; lo que tejemos detrás de los recuerdos. Y la mañana helada sigue subiendo escaleras mientras en un costado de la sala oteamos mudos eso que el cielo deja caer sobre la ciudad: soledad, enfermedad.
El matrimonio actúa misteriosamente. Después de treinta años juntos seguimos tratando de guardar los instantes de más aliento. Y otra vez pasa enero, la vida.

PIE DE PÁGINA
Contra el olvido escribo estos versos para cuando no haya cielo y la alegría se caiga de los ojos. Ahora que música y deseo en el sueño se pierden. Sé que al paso ruedan los guijarros de la ausencia. Tengo presente que la tristeza a todos reserva su lugar. Por eso amo estos trazos desde los que me miras ahora y contra el olvido los levanto para cuando tu nombre sea desamparo en el aliento y ellos se hayan marchado con los vientos y todo no sea más que un pie de página en la historia.

ESTE VERSO
Es el azar quien hasta este verso me ha traído.
Este verso que deja caer la nostalgia de repente.
La verdad yo quería escribir otra cosa.

ARTE POÉTICA
Hoy no me preocupa el verso perfecto.
Hoy quiero escribir simplemente
como quien oficia un rito
para alejar un maleficio.
Hoy no me preocupa la gramática.
A estas alturas cuando ya uno
es de ninguna parte
todas esas cosas poco importan.
No es la voluntad
la que escribe sino la frustración.
Hoy no me preocupa
el destino de estos versos
con los que me traiciono
y firmo con un nombre vulgar.

RETOÑOS
Qué más verdadero que esas hojillas
-limpias de polvo y como la lluvia claras –
que le han aparecido al limonero?
¿Hay algo más convincente que esos retoños
que -por no corromper- no me atrevo a tocar?
La luz vibra entusiasmada sobre el verde nuevo
que desnudo llega a mis ojos.
Es un favor que no esperaba,
tanta simplicidad, tanto esplendor
abriéndome los brazos al borde del día.
Diminutas banderas que la vida enarbola,
a través de las cuales Dios me envía el poema.

AFONÍA DE LA MUSA
Qué afónica se despierta la musa después del largo sueño.
Desorientada va por los espacios de la memoria
como un reo al que acaban de dar la libertad.
Los pájaros persiguen su cabeza loca.
Los Alisios entre los árboles despiertan también.
Se la ve sentada entre la maleza
y hace esfuerzos por sacarle música a la morriña.
Con pequeño pie al comienzo,
el rostro hacia levante,
sin tristeza se aventura en las cosas.

HOMBRE SIN OFICIO
Veo a todos dedicados a sus oficios diligentemente – locos habitantes del lugar común- y me siento pulcramente vacío. Yo no sé aún cuál es el mío. Se necesita de una mínima condición de héroe para merecer un trabajo en un banco o en una oficina estatal por ejemplo. Nada de ello tengo. A la vista de la mayoría es un infortunio, pero honestamente, si de eso se trata, no quiero dominar el infortunio, prefiero seguir escuchando el disparo que resuena en la madrugada; observar sin reservas a mi perro olisquear lo que huye.
Cuando veo tanto oficioso en torno me siento pulcramente vacío.

EXPERTO EN TACHDURAS
A ese potencial especialista en Skinner, Ornitología o Botánica, le llega como una helada la poesía quemando en un momento los brotes de la juventud. Sin tener nada claro se va convirtiendo en un perito en tachaduras; en el pastor que observa rebaños de cosas y situaciones nimias: lo que la noche decanta, el color del cielo que enflaquece los ánimos, los días dejándose caer sobre las fachadas. Frágil de nervios alinea frases y frases sin escrúpulos, sin remordimientos.

LA SOLEDAD DEL POETA
El poeta está solo en el dolor del mundo.
Solo en el invierno con su mudez temprana.
Y toma su veneno mientras ve cómo amanece.
Está solo en los puentes del día.
Así riega su huerto, así se calienta,
con el hilo de su soledad.
Y las gentes lo ven pasar agotado pero libre,
vestido de altanería en su furioso empeño


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