poemas de  jeanette l. clariond

jeanette l. clariond nasceu na cidade de chihuahua, no méxico. além de ser poeta e tradutora, tem dedicado grande parte da sua vida ao estudo do pensamento e religião no méxico antigo, focalizando seu interesse no mito como forma de estruturação do ser. jeanette l. clariond publicou os seguintes livros: mujer dando la espalda, 1992; newaráriame, 1997; desierta memoria, 1996; todo antes de la noche, 2003; amonites, 2003; nombrar en vano, 2004; los momentos del agua, 2007; leve sangre, 2011, além de ganhar alguns prêmios como  prêmio nacional de poesía efraín huerta, 1996; prêmio de poesía gonzalo rojas, 2001, entre outros.

 

Creí con la creencia de los santos

Creí con la creencia de los santos,
me pregunté
qué cosa es el amor.
¿Y la soledad y el dolor, esos pájaros nocturnos
que nos lanzan
a la hiriente
boca
de la hiena?
Amé creyendo en el abandono,
vi los cisnes dejar su estela,
el lago congelarse.
Vi encenderse
los lirios
bajo el fresno desnudo
desnuda yo
sobre la tarde.

*

Mi madre me enseñó a caminar el desierto sin quemarme los

pies. Ella, descalza en un ángulo de sol, extendió hasta mí su
sombra de árbol enfermo.

Caí dos veces en la fuente del Parque Lerdo,
dos veces mi rostro
no encontró
la gracia de una herida.

Bajo delgada lama sentí el sosiego de dorados peces.
Ella cambió mi ropa
como quien presagia la doble caída.
No supe qué decir al escuchar
abrirse su aterrado silencio.

                 Espina del pez, forma labrada por el verbo.

¿Qué se busca? ¿Qué alcanza en su límite la llama?
Distancia es aquello que nunca sabremos decir.

*

Ven, déjame besar tus ojos, el alba derrama su niebla en el huerto,
lee conmigo las páginas de una historia no contada, los pasos en
la nieve, las manos de ternura que se desvanecen con las horas,
tu lengua de arena disolviéndose en las dunas.

¡Oh, soledad, tú vaticinas!
¡Oh, espina del pez, atraviesa mi silencio!

*

Recorrí las veredas, escuché el llanto del venero, y me extravié
en el fondo de mi tempestad. ¿Dónde inicia el fin de la mirada?
¿Dónde se rompe el primer hilo de la cometa? Recordé la tierra
sobre su rostro, las rosas calladas, en su pecho el misal.
El deshilachado
listón, el Salmo, y en mis ojos el torrente espumeante de las aguas.

El destino trazó lirios en el viento, jade de rota inscripción.
¿Y el hombre, ese vino derramado en la tierra?

El cielo se cubrió de una desgarrada tiniebla.
Palidecieron las agujas de los templos.
Se colmó de vacío la antigua memoria del pez.

Fonte: www.festivaldepoesiademedellin.org

 


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