poemas de rosario castellanos

nasceu no méxico em 1925. sua família era de chiapas, e foi ai que ela morou até os 16 anos. estudou licenciatura em filosofia, formando-se em 1952, e também fez mestrado em filosofia na universidade nacional autônoma do méxico. em 1971 foi nomeada embaixadora do méxico em israel e morreu lá em 1974. feminista, influenciada por simone de beavouir, teve como eixos do seu trabalho os direitos das mulheres e das populações indígenas. obteve importantes reconhecimentos, entre eles o Premio Xavier Villaurrutia 1961, o Sor Juana Inés de la Cruz e o Premio Carlos Trouyet. toda sua obra foi compilada no livro “Poesía no eres tú”.

misterios gozosos 6

A veces tan ligera
como un pez en el agua,
me muevo entre las cosas
feliz y alucinada.

Feliz de ser quien soy,
sólo una gran mirada:
ojos de par en par
y manos despojadas.

Seno de Dios, asombro
lejos de las palabras.
Patria mía perdida,
recobrada.

destino

matamos lo que amamos. lo demás
no ha estado vivo nunca.
ninguno está tan cerca. a ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
matamos lo que amamos. ¡que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
el aire no es bastante
para los dos. y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

el hombre es anima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

el ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

el ciervo bebe el agua y la imagen. se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

damos la vida sólo a lo que odiamos

 

nocturno

amigo, conversemos.
desde hace ¿cuántos años?, desde el día
en que a un tiempo rompimos la tiniebla
y con vagido entramos en el reino del aire;
desde que los mayores nos pusieron
la sal sobre la lengua
y nos soplaron al oído un nombre
(no de amor, de destino),
un nombre que repites todavía
y que repito yo y repetiremos
hasta el fin, hasta el fin, sin entenderlo
hemos estado juntos.

espalda con espalda. el uno viendo
nacer el sol y el otro
posando su mejilla en el regazo
materno de la noche.

atados mano contra mano y vueltos
– forcejeando por irnos –
uno hacia el sur, hacia el fragante verde
y el otro a la hosquedad de los desiertos;
desgarrados; sangrando yo
con la herida tuya
y tú quizá doliéndote
de no tener ni siquiera una pequeña brizna
e dolor que no sea también mía,
hemos sido gemelos y enemigos.

nos partimos el mundo. para ti
ese fragmento oscuro del espejo
en que sólo se ve la cara de la muerte;
los hierros, las espinas del sacrificio,
el vaso
ritual y el cascabel violento de la danza.

y para mí la túnica parda de la labor,
la escudilla de barro
torneado con las manos
en que no cabe más que un
sorbo de agua
y el sueño sin ensueños de la sierva.

pero fuimos desleales al pacto. tú acechabas
–lobo hambriento – el plantel y los rediles
y aullabas profecías intolerablesv y hacías resucitar maldiciones y textos
rescatados de no sé qué catástrofe.

o incendiabas, de pronto, mi faena
con un enorme resplandor sagrado.

y yo la hormiga. yo
cosquilleando en tu brazo,
hasta abatirlo,
cada vez que querías
alzarlo hasta los cielos.

y yo, marta, pasando la punta de los dedos
sobre el altar, para encontrar la huella
del polvo mal limpiado.

y yo, la tos que rompe
la redondez entera de la bóveda
en el instante puro de la consagración.

y yo en la fiesta. párpados esquivos,
trenza apretada, labios sin sonrisa.
de espaldas a la música, con esa cicatriz
que el ceño del deber
me ha marcado en la frente;
pronta a extinguir las lámparas, ansiosa
de despedir la huésped
porque en la soledad yo te escupía a la cara
el nombre de la culpa.

ah, que duelos a muerte.
hasta el amanecer luchábamos y el día
nos encontraba aún confundidos en nudo
ciego de odio y de lágrimas.

como el convaleciente, tambaleándonos,
nos poníamos de pie, lívidos y desnudos.
y ni así,
al contemplar nuestras llagas, subió jamás a nuestra boca
una palabra de piedad, un gesto
en que se nos volviera perdón el sufrimiento.

pero hoy me tiemblan tus rodillas;
late tu pulso enloquecido
entre mis sienes
y siento que el orgullo se nos va deshaciendo
como un sudor que escurre
adentro da médula.

porque la noche es larga. nada anuncia su término
y acaso
para nosotros dos ya no hay mañana.
demos a la fatiga una tregua y hablemos.
ayúdame a decir esa sílaba única
— tú, yo, ¡pero no dos, nunca más dos! —
cuya mitad posees.

 

dos meditaciones

considera, alma mía, esta textura
áspera al tacto, a la que llaman vida.
repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
y en el color, sombrío pero noble,
firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.
piensa en la tejedora; en su paciencia
para recomenzar
una tarea siempre inacabada.

y odia después, si puedes.

II

hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?
¿atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?
¿castrar al potro dios?
pero dios rompe el freno y continua engendrando
magníficas criaturas,
seres salvajes cuyos alaridos
rompen esta campana de cristal.


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