poesias de gabriela mistral

gabriela mistral nasceu em vicuña, chile com o nome de lucila de “maría del perpetuo socorro godoy alcayata”, seguiu carreira como professora e poeta, onde se destacou em sua cidade natal e no exterior.

la tierra

niño indio, si estás cansado,
tú te acuestas sobre la tierra,
y lo mismo si estás alegre,
hijo mío, juega con ella…

se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la tierra:
se oye el fuego que sube y baja
buscando el cielo, y no sosiega.
rueda y rueda, se oyen los ríos
en cascadas que no se cuentan.
se oyen mugir los animales;
se oye el hacha comer la selva.
se oyen sonar telares indios.
se oyen trillas, se oyen fiestas.

donde el indio lo está llamando,
el tambor indio le contesta,
y tañe cerca y tañe lejos,
como el que huye y que regresa…

todo lo toma, todo lo carga
el lomo santo de la tierra:
lo que camina, lo que duerme,
lo que retoza y lo que pena;
y lleva vivos y lleva muertos
el tambor indio de la tierra.

cuando muera, no llores, hijo:
pecho a pecho ponte con ella,
y si sujetas los alientos
como que todo o nada fueras,
tú escucharás subir su brazo
que me tenía y que me entrega,
y la madre que estaba rota
tú la verás volver entera.

desolación

la bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
la tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

el viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿a quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.

miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
la nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

despertar

dormimos, soñé la tierra
del sur, soñé el valle entero,
el pastal, la viña crespa,
y la gloria de los huertos.
¿qué soñaste tú mi niño
con cara tan placentera?

vamos a buscar chañares
hasta que los encontremos,
y los guillaves prendidos
a unos quioscos del infierno.
el que más coge convida
a otros dos que no cogieron.
yo no me espino las manos
de niebla que me nacieron.
hambre no tengo, ni sed y
sin virtud doy o cedo.
¿a qué agradecerme así
fruto que tomo y entrego?

interrogaciones

¿cómo quedan, señor, durmiendo los suicidas?
¿un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,
las lunas de los ojos albas y engrandecidas,
hacia un ancla invisible las manos orientadas?

¿o tú llegas después que los hombres se han ido,
y les bajas el párpado sobre el ojo cegado,
acomodas las vísceras sin dolor y sin ruido
y entrecruzas las manos sobre el pecho callado?

el rosal que los vivos riegan sobre su huesa
¿no le pinta a sus rosas unas formas de heridas?
¿no tiene acre el olor, sombría la belleza
y las frondas menguadas de serpientes tejidas?

y responde, señor: cuando se fuga el alma
por la mojada puerta de las largas heridas,
¿entra en la zona tuya hendiendo el aire en calma
o se oye un crepitar de alas enloquecidas?

¿angosto cerco lívido se aprieta en torno suyo?
¿el éter es un campo de monstruos florecido?
¿en el pavor no aciertan ni con el nombre tuyo?
¿o van gritando sobre tu corazón dormido?

¿no hay un rayo de sol que los alcance un día?
¿no hay agua que los lave de sus estigmas rojos?
¿para ellos solamente queda tu entraña fría,
sordo tu oído fino y apretados tus ojos?

tal el hombre asegura, por error o malicia;
mas yo, que te he gustado, como un vino, señor,
mientras los otros siguen llamándote justicia,
¡no te llamaré nunca otra cosa que amor!

yo sé que como el hombre fue siempre zarpa dura;
la catarata, vértigo; aspereza, la sierra.
¡tú eres el vaso donde se esponjan de dulzura
los nectarios de todos los huertos de la tierra!

los que no danzan

una niña que es inválida
dijo: ?«¿cómo danzo yo?»
le dijimos que pusiera
a danzar su corazón…

luego dijo la quebrada:
?«¿cómo cantaría yo?»
le dijimos que pusiera
a cantar su corazón…

dijo el pobre cardo muerto:
?«¿cómo danzaría yo?»
le dijimos: ?«pon al viento
a volar tu corazón…»

dijo dios desde la altura:
?«¿cómo bajo del azul?»
le dijimos que bajara
a danzarnos en la luz.

todo el valle está danzando
en un corro bajo el sol,
y al que no entra se le hace
tierra, tierra el corazón.


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